Muchos
nos dicen que la polución es nuestra amenaza más grande hoy en día, peor que la
guerra nuclear. A medida que la atmósfera se llena de gases venenosos, y los
lagos y ríos se vuelven muy peligrosos para los seres humanos y los animales,
el miedo controla nuestros corazones.
¿Cómo terminará todo? ¿Será el hombre capáz de sobrevivir? ¿Porqué Dios no
interviene?
Aunque esto es serio, hay una amenaza aún más grande para el hombre. Esta
amenaza es la polución espiritual. Nosotros en Norteamérica, tenemos más
iglesias cristianas y pastores por persona que en cualquier otra parte del
mundo, y aún así continuamos teniendo disturbios sociales y confusión política.
Nuestro interés en asuntos del Señor ha sido ineficaz en parar el crimen,
nuestras cárceles y hospitales de enfermedades mentales están llenos a
capacidad. Las calles que eran seguras son ahora lugares de peligro. La
estructura familiar está desapareciendo mientras que todos lloran, "¿Qué
pasó?" "¿Porqué Dios lo permite?" "¡Si Dios fuera Dios,
esto nunca sucedería!"
Muchos dejaron la iglesia, pero está creciendo la tendencia a volver. Cuando
vuelven ¿qué encuentran?
A menudo encuentran una iglesia preocupada con programas sociales,
olvidándose del mensaje de salvación. Encuentran una iglesia que trata de
decidir cual parte de la Biblia es inspirada por Dios y cual no. Los sermones
son acerca de los problemas del mundo, salpicados con opiniones de algún autor
o un comentario acerca de los últimas noticias.
Estudio bíblico, si hay alguno, es un debate de teología, dejándolo a uno
frío y lleno de preguntas sin respuestas. Encuentran una iglesia sin poder, la
evidencia es la falta de milagros. No hay alegría. Los himnos casi nunca
mencionan "La Sangre" de Jesús--el mismo poder de la fe cristiana.
Las oraciones son impersonales, y pocas personas esperan una respuesta. Pocos
leen sus Biblias, asi que pocos conocen el mensaje.
El visitante, entonces, mira a la condición espiritual de aquellos que
asisten y pronto se desilusiona. Si esto es todo lo que ofrece el cristianismo,
él decide quedarse en la cama el domingo por la mañana.
La iglesia está enferma. Cuando una persona está enferma, llama al doctor.
¿Que se puede hacer por una iglesia enferma?
Jesucristo es el doctor que sana. El sana a las iglesias dándoles el
Espíritu Santo para que guíe y dirija hacia toda la verdad (Juan 16:13). Así es
como Dios interviene en nuestro mundo, pero depende de nosotros, si le damos
lugar al Espíritu Santo en nuestras vidas, primero por medio de la conversión,
y segundo por medio de la unción que Dios dá, el bautismo del Espíritu Santo.
Juan bautizó con agua, pero Jesús bautiza con el Espíritu Santo (Mateo
3:11). El bautizo de Jesús se manifiesta por medio del don de orar en lenguas,
en la manera cristiana. Porque millones de personas alrededor del mundo
recibieron este bautizo y continuan en los pasos de Jesús, un gran avivamiento
está creciendo alrededor del mundo como fue profetizado en Joel 2:28-29).
Así como el sol no puede penetrar una ciudad cubierta de nubes, el Espíritu
de Dios no puede penetrar un corazon lleno de polución espiritual. Dios, en su
gran amor, dió al hombre voluntad propia para decidir por su propia cuenta
acerca de su destino; Dios nunca acosa a nadie. Pero, si el hombre decide poner
el amor en cosas terrenales o cualquier otra cosa antes que Jesucristo,
entonces rompió el primero de los 10 mandamientos.
Muchos de los que se llaman cristianos sirven al dios del materialismo y no
sirven al Espíritu de verdad. Con razón nuestras iglesias están infectadas y
carecen de poder, la norma mundana de riqueza y placeres causan la polución la
cual Dios no puede penetrar. Nuestra elección permite o no permite a Dios hacer
su parte.
Antes que las nubes aclaren en nuestro ambiente, debemos limpiar nuestras
nubes espirituales. Debemos elegir a quien queremos servir. Elijamos a
Jesucristo y ayudemósle a restaurar su reino en la Tierra por el cual nos pidió
que oráramos (Mateo 6:10). Apocalípsis 21:1-6 nos dice que de cierto Su reino
vendrá.
Hoy es un día de esperanza. Cuando las tinieblas y el fracaso parezcan
inevitables, los cristianos miran adelante hacia el día cuando el amor reinará
y las espadas serán convertidas en arados (Miqueas 4:3). Jesús está llamando a
su gente, "no tengan miedo, ovejas mías; mi Padre en su bondad ha decidido
darles el reino" (Lucas 12:32).
(Traducido por Carmen Quesada)
© 1999, Doreen Palmer