Como un nuevo osito de felpa en manos de un niño, como la llegada del
hospital con el pequeño bebé en brazos, como la salida del sol en vibrantes
colores sobre el lago--así es la alegría de la vida cristiana. Jesús la llama "la
perla de mucho valor" (Mateo 13:46) por la cual una persona daría todo lo
que posee para adquirirla. Lástima que muchos no la han encontrado--o peor, no
saben que existe!
Jesús le llama "Nacer de nuevo" (Juan 3:3), y los teólogos le
llaman 'conversión', algunos le llaman ser 'salvo' o "segundo
nacimiento." Pero no importa como lo llamemos, es una completa
reconstrucción y cambio de manera de pensar y una nueva manera de vivir. En vez
de vivir para uno mismo, el deseo de asistir a Dios a traer su Reino a la
tierra tiene primera prioridad. La energía de uno está dedicada a contarles a
otros acerca del tesoro maravilloso que ha encontrado, y su dinero y talentos
son usados para el servicio del Señor.
Le preguntaron una vez a Jesús. "¿Cómo puede un hombre nacer de nuevo
cuando ya es viejo"? (Juan 3:4) cuando un hombre nace entra en el mundo
físico; cuando un cristiano nace entra en el mundo espiritual. La conversión es
un acto del Espíritu Santo en la vida de la persona que sinceramente dice.
"SÍ, doy mi vida a Jesús. Me arrepiento de mis pecados." mientras que
un individuo tiene que tomar la decisión, el milagro mismo no es producto del
hombre, pero un regalo de Jesús.
Así como en el caso de un nacimiento físico, el nacimiento espiritual le
presenta al mundo un bebé. Como un bebé recién nacido requiere alimentos,
también el bebé cristiano es alimentado cuando lee la palabra de Dios y al
reunirse con otros cristianos. Si no es bien cuidado morirá como un bebé muere
si no recibe su alimento. Si es alimentado adecuadamente, él crecerá "en
la estatura perfecta de Cristo" (Efesios 4:13)
A medida que un cristiano madura en la fe;, él se llena más y más de
alegría. Él le habla a sus amigos de su Señor, y sabe que sus oraciones serán
contestadas en la manera que sea mejor para su crecimiento espiritual. El ama a
su prójimo con el amor de Dios, y mientras que llora por ellos, él es feliz y
espera ansioso el día prometido cuando no halla más lágrimas o dolor.
(Apocalipsis 21:4).
Se puede decir de tal persona, "la alegría del Señor es su
refugio." (Nehemías 8:10)
¡Oh, que todo hombre encontrara esta perla de mucho valor!
Traducido por Carmen Quesada
© 1999, Doreen Palmer