El amor humano ha fallado. Mientras la relación del matrimonio se ha roto y toda la violencia provocada por el odio hace erupción alrededor de nosotros, solo nos damos cuenta que el hombre no tiene dentro de sí mismo la abilidad para amar.
Jesús, antes de salir del mundo, oró para que Sus seguidores en todas las generaciones pudieran venir y ser guardados del diablo. (Juan. 17:15) Esta oración fué contestada, en cada tiempo una iglesia o nación reconoció la soberanía de Dios, pero la llave para la respuesta de la oración es que nosotros debemos ser `seguidores.' Incluso dentro de la iglesia, tan pronto como la gente falle para cumplir el nuevo mandamiento que nos dió Jesús para "amarnos los unos a los otros" (Juan. 13:34) tan pronto como ellos cesen de leer Su palabra tal como dice la Biblia, tan pronto como ellos cesen para orar el uno por el otro -- La dificultad sale de entre los miembros.
Falta de amor produce riñas. Es humanamente imposible guardar los mandamientos para amarse el uno al otro -- nosotros necesitamos ayuda.
A veces pasa en el mundo cristiano cada año en tiempo de Navidad. De repente sentimos mucho amor hacia cada uno, y una felicidad que no hemos tenido en otros años, viene a nosotros.
¡ Oh ciegos y necios que somos! Nosotros no podemos mirar que Dios mismo está tratando de mostrar Su amor a la humanidad de este mundo, dando en el nacimiento de un pequeñito bebé que fué como un regalo de amor supremo dado a un mundo sin esperanza. El no fué bienvenido al mundo en ese tiempo como lo es hoy en día;. de hecho el rey Herodes trató de matarlo y para esto mandó a asesinar a todos los pequeños bebés en el país, pero Dios dijo a sus padres que llevaran a Jesús a Egipto hasta que la matanza hubo terminado.
Dios dió al mundo un regalo de amor. Parece ser que Dios dá un pequeño ejemplo de Su amor en cada Navidad -- un amor que el verdadero cristiano está dando cada día del año. "Dios es amor." (1 Juan. 4:8)
Se nos dice "Amar al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente y a tu vecino como a tí mismo." (Mateo. 22:37-39) Además ser un seguidor, en aquel tiempo y respondiendo a Dios con el amor que El ha mostrado a nosotros, también debemos amar a otros como a nosotros mismos. Sí nosotros debemos fiarnos de Dios para tener amor para otros -- nosotros solamente a nuestra propia manera no podemos amar lo suficiente -- entonces nos enfrentamos con el problema de amarnos a nosotros mismos.
Sabemos que somos humanos absolutamente egoistas siendo duros a nuestra manera, y no es posible para otros amarnos hasta que podemos amarnos a nosotros mismos. Debemos entonces, comenzar, por obtener la justicia de Dios a través del perdón por ser tan difícil para nosotros llevarnos bien, pero debemos olvidarnos de nosotros mismos. Este puede tambien, ser un problema desde el punto de vista humano, pero es solamente por el regalo de amor de Dios Asi mismo que podemos cortar los recuerdos de nuestro fracazo pasado y dar vuelta a la página de hoy.
Si nosotros olvidamos a todos esos quienes nos han herido, y nos olvidamos de nosotros mismos y de la parte jugada en la relación rota, entonces estamos listos para aceptarnos nosotros mismos como niños de Dios creados a su imagen. Somos criaturas del polvo, absolutamente desesperanzados, porque Dios nos amó, venimos a ser aceptados por Dios y por nosotros mismos a través de la muerte de Jesús. Entonces llegamos a ser amables con otros.
El amor de Dios crea un amor triangular: Dios para el hombre, el hombre para su vecino, y ambos de su amor regresan a adorar a su Dios.
La marca de un verdadero cristiano es su amor. "Todos los hombres conocerán que son mis discípulos si se aman los unos a los otros." (Juan. 13:35) "Por sus frutos los conocereís." (Mateo 7:20).
La Biblia está llena con mensajes acerca del amor.
Hoy en día el Espíritu Santo de Dios está derramando sus regalos en gente que desea orar y dar gracias a El por su amor hacia ellos.
Dios nos dá su amor, nuestra esperanza para mañana. Es imposible amar lo suficiente a nuestra propia manera.
Traducido por Peter y Liliam Bakker
© 1999, Doreen Palmer