
El agua es esencial para poder vivir. Sin el agua, el hombre y las bestias se mueren. Así como el agua es necesaria para la vida física, la Biblia también usa el agua como un símbolo de fortaleza espiritual. Esta agua, dá paz, consuelo y contentamiento para aquellos que sinceramente la piden a Jesús.
Cuando los Israelitas cruzaron el desierto de Egipto hacia Israel, Moisés golpeó una roca para dar agua. De las primeras historias de la Biblia, todas representan profundas verdades de la revelación del plan de Dios para la humanidad, y en esta provisión de agua para salvar vidas, nos damos cuenta de la intención de Jesús cuando dijo que si alguno está sediento debe venir a El.
Cuando una mujer de Samaria estaba sacando agua de un pozo, Jesús vino a ella y le dijo que El tenía agua para darle, de la cual si ella bebía, estaría satisfecha por siempre. Son como fuentes de agua purificada con vida eterna (Juan 4:6-26). Es un río de vida fluyendo para darnos vida, así como el agua fluyó de aquella roca cuando Moisés la tocó para dar agua a los sedientos. En ambos casos, el agua fué dada por Dios.
Somos una nación muriendo de sed que divaga enrededor de un desierto caliente. No sabemos dónde buscar un oasis para refrescar la resequedad de nuestras gargantas. Hemos estado caminando por mucho tiempo, sin poder encontrar agua. Primero seguimos una ideología, luego otra--inclusive a veces seguimos líderes de la iglesia en búsqueda de este oasis, pero nunca encontramos algo para satisfacer la sed intensa de nuestras almas.
Así como el maná fué dado a la gente en el desierto cuando no había comida, así Jesús es la comida espiritual para nosotros. Sin embargo, el hombre necesita ambos, comida y agua; Jesús utiliza símbolos para explicar quién es El, y que es lo que hace. Solamente viniendo a Jesús por nuestras provisiones seremos capaces de sobrevivir en estos días difíciles.
Jesús utilizó el símbolo de corrientes y raudales para explicar el poderoso lavamiento y limpieza de su Espíritu. Cuando nuestro cuerpo y ropa se ensucian, los lavamos con agua. Cuando nuestra vida espiritual se ensucia con el pecado, debemos de tener a Jesús para limpiar nuestros corazones. El nunca rechaza a aquel que sinceramente pide perdón y limpieza.
El Rey David sabía acerca de la paz de Dios cuando habló acerca de "las aguas de reposo" en el salmo 23.
Una porción de aguas silenciosas puede ser un lugar tranquilo donde estar cuando nos sentimos física y emocionalmente exhaustos y necesitamos de unas vacaciones tranquilas. Cuando nos sentamos al lado de Jesús en esas aguas quietas de su Espíritu Santo encontramos la paz que el mundo no puede darnos. Si tan solo tomáramos un tiempo para sentarnos quietamente y abriécemos nuestros débiles oídos a lo que El nos está diciendo, recibiríamos el don de tener un corazón gozoso.
El evangelio de Marcos muestra algunas de las señales que Jesús dijo que serían las señales de los verdaderos creyentes. Una señal era que ellos podrían beber agua venenosa y no les haría daño (Marcos 16:18). El dijo que si las personas tenían dentro de sí los ríos de agua viva de Su Espíritu, nada en lo físico les faltaría, ni siquiera agua venenosa. Solamente esta seguridad nos puede dar paz en este mundo de terror.
Cuando la paz fluye como un río dentro de mi alma, entonces sé que estoy a salvo en los brazos de mi Salvador.
Traducido por Yvonne Tejeda
© 1999, Doreen Palmer