
Conforme los Israelitas caminaban a través del desierto hacia la tierra que Dios les había prometido, construyeron un tabernáculo--como una tienda de campaña, designada para ser el lugar de alabanza. Cerca de la entrada, los sacerdotes ofrecían a Dios sacrificios de animales, usualmente corderos los cuales eran quemados en el altar, y su sangre era rociada para liberar al pueblo de sus pecados. El animal moría en vez de la persona que había pecado.
Habían doce grupos de familias envueltos en el éxodo de Egipto--las doce "Tribus de Israel." Dentro del tabernáculo en una mesa habían doce rodajas de pan, cada una representando cada tribu. Estas rodajas de pan eran para recordarle a la gente el pacto que Dios había hecho con ellos-- que El sería su Dios si ellos eran su peoblo. El pan era considerado santo.
En la pared del tabernáculo, al otro lado de la mesa había un candelero para alumbrar. El trabajo de los sacerdotes era cuidar que las lámparas siempre estuvieran llenas de aceite para que su luz no se apagara. Las lámparas estaban en un candelero de oro en conjunto de siete para que la luz alumbrace brillantemente al frente de la mesa donde el pan estaba puesto (Exodo 25:23- 40).
Todo lo acontecido en la historia de los Israelitas cruzando el desierto representa algunos aspectos de la vida cristiana. Nosotros también estamos en una jornada, en una tierra desconocida que solamente Dios nos puede guiar. El viejo pacto hecho entre Dios y los Israelitas ha sido reemplazado por el nuevo pacto en el cual la sangre de otro cordero, Jesucristo, es usada para limpiar los pecados de la gente. El es el sacrificio del Nuevo Pacto (Hebreos 9:26).
En los días del viejo pacto, cualquier sobra de levadura que hubiese en casa, tenía que ser sacada antes de la celebración de la Pascua, porque la levadura representaba el pecado. Por esta razón, el pan que estaba en le mesa del tabernáculo, no tenía levadura. Jesucristo es ese pan de vida sin pecado, cuyo cuerpo fué partido por los pecados del mundo. Asi como el pan era considerado santo, el cuerpo de Cristo también es Santo, Las doce rodajas representan las doce tribus de Israel, y Jesús tenía doce discípulos para desarrollar Su ministerio. El pan del tabernáculo era considerado santo, así también el cuerpo del Cordero sin mancha es santísimo.
Solamente la luz dada por el Espíritu Santo nos permite ver lo que hay en la mesa mientras celebramos la última cena de nuestro Señor con sus discípulos. Sin luz, no podemos ver. Mientras más y más el Espíritu Santo es derramado en el mundo actual, más y más personas están conociendo las verdades en la Biblia. Era el trabajo de los sacerdotes llenar las lámparas con aceite para que la luz no se apagara; es la obligación de todos los cristianos verdaderos mantener el fluir del Espíritu Santo en sus iglesias para que la verdad de Jesucristo sea vista por todos. Si ellos son fieles, el mundo también verá que Jesucristo es la única luz que puede salvar nuestro mundo tan oscuro.
El Cordero perfecto sacrificado está sentado en la mesa del tabernáculo de los corazones de los cristianos. Los Judíos buscaban un Rey para gobernar los corazones de aquellos que han sido limpiados por el Cordero.
Sin el aceite del Espíritu Santo es imposible ver que Jesucristo es el Cordero de Dios. Así que cuando nosotros lo vemos, debemos mantener diariamente nuestras lámparas llenas de aceite. De otra manera, la oscuridad de este mundo nos va a acaparar.
"He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo" (Juan 1:29).
Traducido por Yvonne Tejeda
© 1999, Doreen Palmer