Cuando nacemos en este mundo, estamos naciendo en la raza humana. Cuando nacemos en el mundo del Espíritu, nacemos en una familia real y llegamos a ser hijos de un Rey.
También los bebés reales deben ser alimentados. Cuando el Espíritu Santo de Dios planta una semilla de conversión dentro de un corazón rendido, la semilla debe ser alimentada y regada con la palabra de Dios para crecer. Las palabras de Dios son encontradas en la Biblia, en una iglesia, y entre verdaderos seguidores. Igual los niños adoptados comienzan a actuar y se parecen a sus padres, pero también los hijos "adoptados" (Efesios 1:5) de Dios comienzan a actuar y a parecerse a Jesús mientras ellos crecen en madurez. Si ellos pueden recibir suficiente nutrición para crecer más allá de adolescentes rebeldes, quienes insisten en ambicionar egoistamente cosas mundanales, ellos se convierten en miembros maduros de una casa real.
Cuando vamos a una tienda para comprar algo, pagamos al cajero el precio marcado en el producto. En la misma manera, Jesús pagó el precio de la muerte en una cruz, por eso usted y yo podemos ser libres del pecado y la muerte. En esa muerte, Jesús sufrió como un hombre, no utilizando la divina parte de su naturaleza; El oró "Padre, si quieres, pasa de mí esta copa." (Lucas 22: 42) Su vida entera en la tierra fué vivida sin utilizar Su deidad. (Hechos 2:14) Sus seguidores tienen el mismo poder que El; El es nuestro perfecto ejemplo de como vivir. El oró a menudo a su Padre Dios. (Lucas 6:12) El fué tentado (Lucas 4: 1-13) Estuvo a veces cansado (Marcos. 6:31), fué "perturbado", y "lloró" cuando su amigo murió (Juan 11:33-35) Jesús confirmó por sí mismo cuando dijo, "Cualquiera que tiene fé en mí, las obras que yo hago él las hará también, y aún mayores cosas que estas hará." (Juan 14:12) "El anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios (Romanos 8:19) Usted y yo podemos llegar a ser herederos de Dios y co-herederos con Jesucristo." (Romanos 8:17)
Jesús también dijo, "Estas señales acompañarán a esos que creen: en mi nombre ellos echarán fuera demonios, hablarán en nuevas lenguas, tomarán en las manos serpientes y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán. (Marcos 16: 17-18) Los verdaderos seguidores de Dios han sido conocidos para reprender los vientos y las olas como Jesús lo hizo, y Jesús amonestó a Pedro por su falta de fé por ser incapaz de caminar sobre las aguas durante una tormenta en el lago de Galilea. En tiempos bíblicos, como hoy en día, creyentes han orado a Dios y El los ha levantado de la muerte.
Jesús oró por Su iglesia "que todos sean uno."
(Juan 17:22-23) Su oración está siendo contestada en nuestro día, mientras millones de cristianos alrededor del mundo están uniendo manos y corazones para llegar a ser una familia grande. La denominación de iglesias está llegando a ser menos importante mientras nosotros estamos entendiendo lo que Jesús quiere decir acerca de como distinguir a los creyentes, mientras miramos milagros, señales y prodigios visiblemente demostrados en cada esquina de la esfera. Por supuesto, nosotros debemos estar informados que el maligno de este mundo ha falsificado esto por todos los regalos de Dios, y necesitamos ser hábiles para discernir la diferencia.
Jesús nos dijo, "Sé perfecto como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto." (Mateo 5:48) Debemos llegar a ser como Jesús. cuya gloria fué mostrada a los discípulos en esa montaña santa mientras El se transfiguró delante de ellos. "El está trayendo muchos hijos a la gloria." Sólo mientras la gloria brille de El, verdaderos hijos de Jesús brillarán con un radiante amor y poder que no es de este mundo.
¡Si solamente pudiéramos darnos cuenta de lo que somos y de lo que podemos llegar a ser! Estamos siendo creados "un poco menor que los ángeles." (Salmos 8:5) Nosotros somos "un pueblo escogido, real sacerdocio." (1 Pedro 2:9) podemos llegar a ser hijos de un rey que está estableciendo su Reino en los corazones de Su pueblo. Traducido por Peter y Lilliam Bakker
© 1999, Doreen Palmer