Dios es el gran sembrador. Jesús lo llamó un "jardinero," y Jesús dijo de sí mismo que El era la "Vid verdadera" y quienes le siguen son sus ramas (Juan 15: 1-5).
Para que produzca buena fruta todo árbol debe ser podado. Si no son podados, ramas que no sirven crecen y le sacan la fuerza al árbol y la fruta es de pobre calidad.
Cuando pertenecemos al Señor, debemos dejar que El nos alimente, nos riegue y nos pode. Si no lo hacemos, nos encontraremos ocupados en hacer "obras de caridad" pero olvidándonos de la fuente de vida, la "Vid verdadera." También podemos perder el tiempo tratando de decidir si Dios es hombre o mujer! Si esas ramas, mejor dicho esas actividades, son podadas, entonces Dios puede producir en nosotros los frutos del Espíritu Santo, su propio fruto; su buen fruto de esperanza y paz a todo aquel que vive en las tinieblas, los que no han visto la luz todavía.
Dios es el sembrador en la parábola que Jesús contó del granjero que salió a sembrar su semilla (Mateo 13: 1-43). Su Espíritu Santo siembra semillas de conversión en nuestros corazones. Los corazones son la tierra; la semilla es la Palabra de Dios. El crecimiento de la semilla depende de la calidad de la tierra en la que es plantada - la condición del corazón. Jesús dijo que a veces el corazón es como un camino de piedra y tan pronto como la semilla es sembrada, Satanás viene y se la roba como pájaro de presa. Alguna tierra es espinoza, la semilla crece, pero enseguida que vienen los problemas, la persona deja que la semilla se muera ya que la raíz no era muy profunda. Las semillas que caen sobre la buena tierra de un corazón pronto, obediente y disponible producen una cosecha abundante, y tal persona traerá a muchos otros al reino de Dios (Lucas 8:11-15).
El Apóstol Pablo habló del parecido de nuestros cuerpos a "ollas de barro" que tienen la vida de Jesús en ellos (2 Corintios 4: 7-10). Nuestros cuerpos son débiles y mortales, faciles de destruir, pero también fáciles de amoldar en ollas que El puede usar. Si permitimos que la buena semilla crezca en nuestros corazones, descubriremos que Jesús mismo vino a vivir en nosotros (Juan 14:23). En el Antiguo Testamento, los verdaderos creyentes eran circuncidados, Jesús ahora circuncida el corazón, corta y saca lo que no debe de estar ahí.
Pablo también hizo la comparación entre nuestros cuerpos y el templo del "Dios viviente". Así como los Israelitas movían el tabernáculo de lugar a lugar en el desierto, nosotros también nos movemos como pequeños templos en nuestra sociedad, mostrando "su" amor y poder a aquellos que estan alrededor nuestro.
Antes de dejar este mundo, Jesús oró or todos aquellos creyentes que vendrian detras de El.Oró "que el amor que me tienes, esté en ellos y para que yo mismo esté en ellos" (Juan 17:26). Si el mismo Jesús viene a vivir en nosotros cuando nacemos de nuevo, tenemos una tremenda responsabilidad de llevarlo solamente a lugares que el aprueba, y de hablar solamente palabras que sean placenteras a sus oídos. A medida que las raíces crecen en las semillas sembradas y son alimentadas y regadas por el Espíritu Santo, el árbol de vida empieza a crecer - la resurrección, vida y poder del mismo Jesús!
La oración de Jesús "que sean unidos" se está cumpliendo hoy. A medida que las paredes de "denominaciones" caen alrededor del mundo, y los creyentes estan haciendo lo que Jesús dijo - "adoren en Espíritu y verdad" (Juan 4:23) - la Iglesia se está volviendo en "un solo rebaño con un solo pastor" (Juan 10:16). El Espíritu Santo está amoldando las ollas de barro en vasijas de honor para su reino.
Los Judíos esperan un Mesías, un rey, pero Jesús ya vino como un rey de amor para reinar en el corazón de la gente. Hoy El reina solamente en corazones, pero ya llegará el día en que el reinará físicamente cuando "al nombre de Jesús, se doble toda rodilla...y todos reconozcan que Jesucristo es el Señor (Filipenses 2:10). Esa sera la hora en que la cosecha que fué sembrada por Dios mismo, habrá crecido y madurado.
Traducido por Carmen Quesada
© 1999, Doreen Palmer