Mientras miramos a nuestro alrededor, vemos a muchos Cristianos caer en el pecado. Nosotros decimos, ¿cómo podemos predicar el evangelio a un mundo acusándonos con pecado en nuestras propias vidas? Como cristianos tampoco podemos continuar en el pecado y expectar las bendiciones de Dios. Pedro, discípulo de Jesús escribe "Es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios." (1 Pedro 4:17)
Jesús dijo una parábola acerca de dos hombres que contruían casas para ellos mismos. (Lucas 6:46-49) El primero excavó y ahondó y puso el fundamento sobre la roca, el otro no puso su fundación sobre la roca, pero construyó su casa en la arena. Cuando vinieron las tormentas, la primera casa se mantuvo parada, pero la segunda se derrumbó, Jesús estuvo diciendo que a menos que nuestra fé esté construída sobre algo sólido, tarde o temprano ésto se derrumbará.
Yo me puse a pensar que ésta parábola fué comparada a las tormentas más catastróficas de nuestras vidas, semejante a una muerte súbita de un ser amado. Ahora me doy cuenta que esto se refiere también al diario vivir.
Hay fuerzas del maligno sueltas en contra de los Cristianos de hoy día para destruir su fé. Estas fuerzas crean desunión dentro de hogares e iglesias. Ellas causan rompimientos en los matrimonios y rebeliones de la juventud, llenos con lujuría y cólera; exigiendo humanos rectos. También nuestros gobiernos y líderes parecen inclinarse a la confusión. Esta declaración de maldad no es sorpresa para los Cristianos, pués ha sido predecido en todas partes de la Biblia para los últimos tiempos. (2 Timoteo 3 y 4:3).
Para enfrentarnos con este maligno, necesitamos ver la fundación de nuestro propio edificio. Muchos de nosotros no fuimos criados en un hogar que iba a la iglesia, de manera que tenemos un falso concepto acerca de todo lo que es Cristianismo. Otros de nosotros fuimos criados en la iglesia pero frecuentemente, esos que nos enseñaron, ellos mismos no estaban llenos con el Espirítu Santo de Dios. Aprendimos de ellos de muchas formas, pero no fuimos enseñados o tocados por el mismo gran Consolador.
De modo que si tuvimos o no un ambiente Cristiano sólido, debemos ahora comenzar a excavar una fundación. debemos excavar hacia abajo hasta llegar a la Roca, Jesús. De otra forma esto no se mantendrá parado.
La primera gran lección que aprendemos es que, por nuestra propia cuenta no somos dignos de tocar la gran Roca. Somos nacidos dentro de una línea de pecadores, comenzando con Adan. Jesús murió para romper esa maldición de pecado y hacernos libres. De modo que no podemos nosotros mismos ser lo suficiente buenos para hacer buenas obras. Solamente por causa de la sangre derramada en el Calvario es que podemos ser hechos santos.
Por supuesto, cuando amamos a Jesús, deseamos hacer buenas obras, pero esto es solo por la gracia y el perdón de Dios que podemos ganar el cielo. Debemos dejar nuestras vidas sobre la Roca; esto es lo que la experiencia del nuevo nacimiento es. Este es el manto de justicia que Jesús nos dá. Nuestra propia justicia es "como trapo sucio" (Isaías 64:6) en Hebreo `trapo menstrual sucio'!
El Espíritu Santo nos dirá, si estamos en armonía con El, que el último engaño de Satán es tratar de destruir nuestra fundación. Esto puede ser un pecado metiéndose en nuestros pensamientos. Puede ser un deseo para sobre-gastar lo que la familia no puede afrontar. Puede ser que las parejas de matrimonios vayan a sus propios caminos cuya voluntad eventualmente destruye el matrimonio. Puede ser falta de oración y lectura diaria de la Biblia. Puede ser que uno mismo se sienta satisfecho con una iglesia que no cree completamente en la Biblia. Puede ser demasiado énfasis en la prosperidad que Dios dá a su pueblo y no fijándose que la prosperidad que Dios dá es para que el pueblo pueda retornarlo a El para ganar almas.
A veces necesitamos ser honestos con nosotros mismos. Siempre podemos identificar las fallas en otros, pero de alguna manera requiere buscar mucho al Espirítu Santo de Dios para fijar nuestra propia debilidad y tratar con ella.
Mientras construímos una buena fundación en la Roca que es Jesús, construímos una casa con doctrina cristiana sólida. Estemos seguros que no hay corrientes de aire por las ventanas para permitir la entrada de falsas enseñanzas; esas enseñanzas siempre parecen tener bastante verdad al grado que podemos ser engañados.
Necesitamos construir una buena casa de fé, pidiendo a Jesús cimentarla juntos, de modo que no se derrumbe en las tormentas que vendrán.
Doreen Palmer Traducido por Peter y Lilliam Bakker
© 1999, Doreen Palmer