Cuántos de nosotros hemos comenzado con valentía a leer la Biblia entera, comenzando en Génesis, y después nos detenemos en algún lugar en Exodos, Leviticos, o Números? Porque nos aburrimos con todas las leyes ceremonilaes de purificación aparentemente sin sentido, por la falta de entendimiento de la última parte de la Biblia la cual es llamada el Nuevo Testamento, que son reglas que debemos tener en cuenta para adorar.
El Aportol Pablo dijo, "Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara." (1 Corintios 13:12) Las historias del Viejo Testamento son una reflexión de cosas para venir y, mientras el tiempo de la venida de Jesús se acerca, tenemos una perspectiva mejor de los eventos de mucho tiempo. Aún los que escribieron la Biblia no tuvieron idea de la profunda enseñanzas verdaderas en los eventos que ellos relataron.
Por ejemplo, porqué todos los ritos de purificación de tener de lavar, lavar, lavar para limpiarse uno mismo antes de acercarnos a una de las áreas santas o artículos en el tabernáculo? Porqué los animales tuvieron que ser perfectos y sin defecto antes de que ellos pudieran ser escogidos para ser usados como ofrendas quemadas ante el Señor Jehová?
El Apostol Pablo explica todo esto muy bien en su novena carta a los Hebreos. El les dice a ellos como estos eventos del Viejo Testamento fueron necesarios para mostrar la mano de Dios en la historia y ayudarnos a entender los eventos venideros.
Pablo explica como los sacerdotes rociaron la sangre de animales en esos quienes fueron ceremonialmente impuros para hacerlos exteriormente limpios. El cita a Moisés, "Esta es la sangre del pacto que Dios te ha ordenado guardar." Pablo continua, "Esto fué necesario entonces, por los imitadores de las cosas celestiales para ser purificadas con estos sacrificios. Ahora Cristo aparece al final de los tiempos para echar fuera al pecado a través del sacrificio de Sí mismo, y El aparecerá por segunda vez,sin relación con el pecado, para traer salvación a esos quienes han estado esperando por El." (Hebreos 9:19-28)
La purificación de los animales para el sacrificio en el Viejo Testamento fué para ayudarnos a entender como Jesús, el el pefecto Cordero sacrificado, fué puro y sin pecado. Ese sacrificio por nosotros es completo. Jesús dijo al morir. "Consumado es." (Juan 19:30) Por lo tanto esa parte esta hecha, Jesús murió por tí y por me de manera que debemos ser libres de pecado y de culpa.
Sin embargo, Pablo nos dice que Jesús ha prometido volver, pero en ese tiempo futuro no sera para librarnos del pecado, sino que vendrá en una misión de rescatar a esos quienes están listos y esperando por El. El viene de nuevo para presentar a Sí mismo una iglesia santa sin mancha o arruga. (Efesios 5:27)
El lavamiento en el Viejo Testamento fué necesario entonces, para explicar el papel de Cristo. Cómo podemos nosotros, la iglesia de Jesucristo, por la cual El murio llegar a ser purificados?
Hay solamente una manera. Debemos estar dispuestos a ser sacrificados y quemados en el altar también. Así es. Todo engrandecimiento de sí mismo debe ser quemado de manera que pertenezcamos completamente a El. A medias no lo haremos. El agua respresenta el Espíritu Santo que nos lava y limpia, y la sangre de Cristo es el poder para hacerlo. Debemos echarnos como un cordero safrificado para que Dios pueda limpiarnos.
Nosotros debemos hacer nuestra parte antes que Jesús pueda salvarnos. Debemos someternos nosotros mismos y dejar nuestros intereses egoistas antes que el agua y la sangre puedan hacer algo bueno por nosotros.
Mientras miramos como la Biblia está hermosamente recopilada, entendemos que las reglas para la purificación comienzan como un acto exterior y termina en una limpieza del corazon. Pero el rey David la figura del Viejo Testamento que representa a Jesús, dice:, "Un corazon contrito y humillado no despreciarás Tú, oh Dios." (Salmo 51:17)
Mientras miramos la completa ilustración de la Biblia de la necesidad de deshacerse del pecado antes que podamos ver a Dios, cómo debemos entonces vivir?
Traducido por Peter y Lilliam Bakker
© 1999, Doreen Palmer