A medida que leemos la Biblia, nos vamos topando, literalmente, con ciertas palabras o frases. Puede que hayamos leído el pasaje muchas veces, mas en esta ocasión cobra un significado nuevo.
En Exodo 16:1 se habla del "desierto de Pecado"--nombre de la zona desértica en la cual los israelitas permanecieron errantes y sin rumbo tras abandonar Egipto. Sin embargo, esa referencia nos dice mucho acerca de la naturaleza del pecado, que no es sino una zona inhóspita o un desierto en el que nos hallamos perdidos. Allí andamos sin rumbo fijo y nos resulta imposible encontrar una forma de salir.
Cuando se padece una infección, la más mínima gota de pus que salga puede infectar otras partes del cuerpo. El pecado es como una infección que se expande por toda una mente debilitada por valores mundanos a su vez es origen de más pecados, problemas espirituales y afecciones físicas.
En la época de Moisés, la levadura representaba el pecado. Por ello debían quitar todo rastro de ella de sus hogares antes de la celebración de su Pascua. Tenían que deshacerse del pecado porque sabían que él, al igual que la levadura, fermenta y todo lo impregna. Jesús dijo "Guardáos de la fermentación de los fariseos, que es la hipocresía" (Lucas 12:1). El hablaba del peligro que envuelve creer que se ha alcanzado la paz espiritual porque el orgullo no nos permite ver nuestros pecados.
El apóstol Pablo le advirtió al joven Timoteo acerca del peligro de contar con un líder joven y neófito "que se deje llevar por el orgullo" (1 Timoteo 3:6). Pablo sabía del peligro de sentirse importante en el ministerio, y comprendía con cuanta facilidad el líder puede perderse en el 'desierto del pecado'.
Al iniciar nuestro camino cristiano a través de los desiertos que nos plantea la vida, nos hallamos ante una disyuntiva. Una opción es, al igual que los fariseos, intentar seguir los Diez Mandamientos ajustándonos a su letra, lo que lleva a vanagloriarnos de nuestra propia capacidad, o bien nos negamos a hacernos responsables de nuestros propios pecados porque Jesús murió para liberarnos de nuestro pecado. Entre ambos extremos se halla nuestra verdadera ubicación.
Pablo escribió: "¿Pecaremos porque no estamos bajo la ley sino la gracia? Eso ¡jamás!" (Romanos 6:15) "Por la ley tenemos solamente conocimiento del pecado." (Romanos 3:20) Debemos darnos cuenta de que somos pecadores que necesitan el perdón de Dios, pero una vez que se nos haya concedido ese perdón no habrá necesidad de escuchar a nuestro "acusador" (Apocalipsis 12:10) que continúa haciéndonos sentir culpables. Habiéndonos arrepentido, podemos "acercarnos con confianza al trono de Dios, a fin de obtener misericordia y hallar la gracia del auxilio oportuno" (Hebreos 4:16).
Las sectas y las religiones falsas insisten con la idea de obtener nuestra salvación a través de una vida buena. Porque no comprenden que podemos estar ante Dios gracias a la sangre que derramó Jesús, a fin de liberarnos de la culpa por no cumplir la ley, les resulta imposible a sus miembros experimentar el gozo del cristianismo. Los cristianos deberíamos estar felices ya que nos hemos liberado "de la ley del pecado y la muerte" (Romanos 8:2). Somos hombres libres, pero no debemos usar la libertad como pretexto para encubrir nuestra malicia (1 Pedro 2:16).
Por lo tanto, no permanezcamos en nuestro "desierto de pecado", sino apuremos el paso hacia la Tierra Prometida, donde los cristianos hallan el gozo, ¡aun en los polvorientos desiertos que nos depara la vida!
Traducido por Guillermo Pereyra
Doreen Palmer, derechos reservados, 2001